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Yo tengo la bendición

 

Después de 18 años llegamos a nuestra casa, conquistamos la tierra prometida, lugar en el que fluye leche y miel. Este 2015, “Año del Jubileo” o también llamado “año de la gracia del Señor” iniciamos con nuestra primera de muchas y gloriosas reuniones en el Auditorio Espíritu Santo.

La presencia de Dios inundó el auditorio, el Espíritu Santo hizo escuchar su voz y anunció sobre México, sobre su pueblo y sus hijos una gloria postrera mucho mayor que todo aquello que hasta el momento habíamos visto y escuchado; soltó una doble unción potencializadora acompañada de: reintegración, restauración, restitución, reivindicación y retribución.

Más de mil almas clamaron unánimes por su derecho de primogenitura; unos a otros declararon sobre sus vidas bendiciones del altísimo e inmediatamente la Shekiná, “el brillo del Señor” posó sobre el lugar, su Santo Espíritu descendió para no irse nunca.

Nuestros pastores Fernando y Esther Sosa anunciaron, de parte del Altísimo, que el enemigo nos devolverá siete veces lo que nos ha robado, que nuestra bendición será sin límite y que no seremos avergonzados por creer y seguir a Cristo. Que si Eliseo recibió una doble porción del Espíritu de Dios, nosotros recibiremos una porción pero no doble sino inimaginable.

El apóstol Raúl Vargas, proveniente de Costa Rica, acudió a la reunión para cumplir con la misión encomendada por el Señor: compartir con nosotros cuál es el fundamento de nuestra bendición, hasta dónde puede llegar y qué contiene.

La bendición que tenemos, dijo, proviene de un pacto que Dios estableció con un hombre, Abraham, a quien juró: “y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:2-3).

Este pacto, confirmado con Isaac (Génesis 26:3-4) y que nos alcanzó a los gentiles (Gálatas 3:14) hace que todas las familias de la tierra, que todos los redimidos en Cristo, seamos benditos y heredemos las bendiciones del padre Abraham, porque el pacto es eterno y las bendiciones transmisibles de generación en generación.

¡Somos herederos de la bendición de Abraham, es profético empezar el año tomando una herencia que por mandato divino nos pertenece, Dios juró bendecirnos y Él cumple su palabra, la bendición es nuestra, tomémosla!