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Aunque nada florezca (con todo yo me alegraré en mi Dios).

Posted on Ago 28, 2016 by in Conferencias Online, Conferencias-2016

Cada día, desde el momento en el que abrimos los ojos comenzamos a percibir las cosas que que nos rodean, el lugar en el que nos encontramos, la ciudad donde habitamos, el país al que pertenecemos, y así durante nuestros días hemos aprendido a entender, a ver el mundo en cual se desarrolla nuestra vida. Pero éste domingo 28 de agosto de 2016 aprendimos a ver el mundo de otra manera, desde otra perspectiva.

A través del libro del profeta Habacuc, Fernando Sosa, director de Aviva México nos enseñó lo que la Palabra de Dios dice acerca de la manera en la que debemos ver nuestro entorno. “La profecía que vio el profeta Habacuc”. (Habacuc 1:1)… “El Espíritu Santo nos mostrará lo que ha de venir; Habacuc vio la invasión de los caldeos que había de venir de mano de Nabucodonosor; en México hay un malestar en la gente, se espera que en los próximos años habrá incluso algunos cambios políticos,” comentó el Boss en la introducción de su conferencia.

Pero, ¿qué tenemos entonces que mirar? “Mirad entre las naciones, y ved, y asombraos; porque haré una obra en vuestros días, que aun cuando se os contare, no la creeréis.” (Habacuc 1:5).

Tenemos que aprender a mirar lo que Dios ve, tenemos que cambiar nuestra forma de ver las cosas, fundamentarnos en la Palabra y no tener miedo. Tenemos que aprender a mirar por encima las cosas y las circunstancias y obervar aquello que es verdaderamente esencial.

“¿No eres tú desde el principio, oh Jehová, Dios mío, Santo mío? No moriremos. Oh Jehová, para juicio lo pusiste; y tú, oh Roca, lo fundaste para castigar. Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio; ¿por qué ves a los menospreciadores, y callas cuando destruye el impío al más justo que él.” (Habacuc 1:12 – 13)

Aprender a ver las cosas como Dios las ve comienza por entender quien es nuestra Roca y no callar, no podemos dejar de decirle a la gente quién es Dios. Habacuc lo entendió y presentó su queja delante de Dios, pero no fue una queja contra Dios. El profeta se quejó de la situación en la que prevalecía su pueblo aún cuando Dios les amonestaba a volverse a Él.

Además de entender quien es nuestro Dios debemos aprender a no quejarnos en contra de Él, a erradicar todo descontento en contra de nuestro Salvador cuando las cosas no van como nosotros quisiéramos. Conocer quien es Dios nos hace cambiar la visión de las cosas y de toda circunstancia, nos hace estar alegres y confiados.

“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza, El cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar.” (Habacuc 3:17 – 19)

Necesitamos cambiar nuestra queja en gozo, en el gozo que da el saber que nuestro Dios actúa a favor de nosotros a pesar de las circunstancias y nos hace caminar en alto. ¿Qué sucedería si hoy perdieramos todo? ¿Le reclamaríamos a Dios o nos gozaríamos en Él? Tal vez el estarnos quejando en contra del Señor ha detenido hasta hoy nuestra bendición.

Hoy mismo necesitamos determinarnos a cambiar nuestra manera de ver las cosas; necesitamos determinarnos a avivar el fuego del don que ya ha sido depositado en nosotros mediante la imposición de manos de parte de nuestros pastores, como lo aconsejó Pablo a Timoteo:

“Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.” (2 Timoteo 1:6)

“Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí. Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla conocer; en la ira acuérdate de la misericordia. Dios vendrá de Temán, y el Santo desde el monte de Parán. Su gloria cubrió los cielos, y la tierra se llenó de su alabanza. Y el resplandor fue como la luz; rayos brillantes salían de su mano, y allí estaba escondido su poder… El sol y la luna se pararon en su lugar; a la luz de tus saetas anduvieron, y al resplandor de tu fulgente lanza… Saliste para socorrer a tu pueblo,
Para socorrer a tu ungido. Traspasaste la cabeza de la casa del impío, descubriendo el cimiento hasta la roca. Horadaste con sus propios dardos las cabezas de sus guerreros,
Que como tempestad acometieron para dispersarme, cuyo regocijo era como para devorar al pobre encubiertamente.” (Habacuc 3:2 – 4, 11, 13 – 14).

Es el tiempo, éste día podemos atender la enseñanza de la Palabra de Dios contenida en el libro del profeta Habacuc y comenzar a ver por encima de las circunstancias que rodean nuestro entorno, nuestra casa, nuestra familia, nuestras fuentes de trabajo, nuestra economía y nuestra nación y pedirle al Espíritu de Dios que nos muestre aquello que ha de venir, aquello que Dios tiene preparado, escribir esa visión en las tablas de nuestro corazón y correr con esa visión. Necesitamos renovar nuestras mentes.

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” (Romanos 12:1 – 2)

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