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El secreto de David

Posted on Feb 6, 2017 by in Conferencias Online, Conferencias-2017


 

Ahora también puedes ver el video completo de la conferencia aquí.

 

 
Observando los acontecimientos recientes y lo que ocurre a nuestro alrededor, tal parece que en América Latina y en México, a Dios lo estamos teniendo únicamente como un recurso tapa-agujeros; cuando estamos en necesidad acudimos primero a diferentes organismos o instituciones en lugar de buscar al Señor.

Además de lo anterior, la comunicación social a nuestro alrededor parece tener una competencia desmoralizadora. Pero nosotros estamos llamados a comunicar nuestra confianza en Dios, nuestra esperanza en Dios y junto con esto, tener elementos sociales. No podemos desmoralizarnos porque la persecución llega a su punto culminante cuando se desmoraliza el perseguido.

De ésta forma nuestro director Fernando Sosa comenzó éste domingo 5 de enero una conferencia con un fuerte poder transformador, el poder de la Palabra de Dios.

En la escritura tenemos una historia que nos ayuda a ilustrar lo anterior, cuando Saúl por envidia persiguió a David. Por catorce años, David fue perseguido y desterrado mucho tiempo. En diferentes ocasiones, David tuvo depresión y desaliento, pero sus Salmos nos hablan de un fuerte espíritu. Pablo nos dice en el Nuevo Testamento que cuando oremos, pidamos ser fortalecidos en el hombre interior.

David tenía además de un espíritu fuerte, una moral personal fuerte. En alguna ocasión pudo ultimar a Saúl su perseguidor, pero no lo hizo; por el contrario, le hace ver a Saúl que debe recapacitar y en un momento de su vida, David también recapacita. En medio de su persecución, de su tribulación, tenía siempre la Palabra de Dios a flor de labios. Nosotros también necesitamos tener la Palabra de Dios a flor de labios.

A través de diferentes problemas y tribulaciones que enfrentó David, él se levantó confiado. Lo podemos ver en el Salmo 27.

“Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré?
Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?
Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos,
Para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron.
Aunque un ejército acampe contra mí,
No temerá mi corazón;
Aunque contra mí se levante guerra,
Yo estaré confiado.
Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré;
Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida,
Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.
Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal;
Me ocultará en lo reservado de su morada;
Sobre una roca me pondrá en alto.
Luego levantará mi cabeza sobre mis enemigos que me rodean,
Y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo;
Cantaré y entonaré alabanzas a Jehová.
Oye, oh Jehová, mi voz con que a ti clamo;
Ten misericordia de mí, y respóndeme.
Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro.
Tu rostro buscaré, oh Jehová;
No escondas tu rostro de mí.
No apartes con ira a tu siervo;
Mi ayuda has sido.
No me dejes ni me desampares, Dios de mi salvación.
Aunque mi padre y mi madre me dejaran,
Con todo, Jehová me recogerá.
Enséñame, oh Jehová, tu camino,
Y guíame por senda de rectitud
A causa de mis enemigos.
No me entregues a la voluntad de mis enemigos;
Porque se han levantado contra mí testigos falsos, y los que respiran crueldad.
Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová
En la tierra de los vivientes.
Aguarda a Jehová;
Esfuérzate, y aliéntese tu corazón;
Sí, espera a Jehová.”
(Salmo 27:1 – 14)

Como David, nosotros también enfrentamos enemigos, enemigos de nuestra alma. Malignos y gente angustiadora. A veces parece que salimos de una guerra y de repente entramos en otra guerra.

¿Cómo le hizo David para enfrentar la adversidad? Hay varios secretos de David.

Activó su fe. David tenía una fe audaz. Necesitamos activar nuestra fe. Como Pedro, podemos caminar en medio de la tempestad.
David puso una demanda al Señor. Cada vez que estemos en una reunión o veamos una persona de unción, necesitamos poner una demanda a Dios, David tuvo una búsqueda constante de Dios y propuso una demanda: que Dios le permitiera estar en su casa todos los días. Antes de hacer inventario de sus posesiones o de sus cosas, David se sale de sí mismo y decide buscar al Señor.
David buscaba, inquiría, preguntaba, meditaba la Palabra, se deleitaba en la casa del Señor. Hoy, la iglesia como casa de Dios, nos brinda una protección. La iglesia tiene su importancia, no es cualquier cosa; la iglesia tiene su importancia porque las puertas del infierno no pueden prevalecer contra ella. Cada vez que David tenía problemas, corría a la Presencia De Dios. No nos podemos resignar, no nos podemos amedrentar. Necesitamos buscar la Presencia de nuestro Dios.
El anhelo de su corazón; David hablaba, declaraba el profundo anhelo de su corazón y su corazón le impulsaba a hablar y declarar que buscaría el rostro de Dios. Dios nos pide que nos acerquemos a conversar con Él; David respondió: “Sí, ya voy”. El anhelo de nuestro corazón debe ser habitar en Su tabernáculo.
Por razones históricas, David tenía un derecho: “Vendré a los hechos poderosos de Jehová el Señor; haré memoria de tu justicia, de la tuya sola.“ (Salmo 71:16). David sabía que Dios lo había ayudado en el pasado y lo ayudaría otra vez. Dios nunca nos va a fallar “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá.“ (Salmo 27:10)
El secreto de David es que su corazón anhelaba contemplar al Señor cara a cara, pero además caminar en la confianza de Dios, en la seguridad de Dios.
David fue resuelto y animoso para buscar la Presencia del Señor: “Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová.” (Salmo 27:14). Significa también que debemos ser valientes.

Necesitamos iluminar a éste mundo, a nuestro México que se resquebraja por temor. Necesitamos que nuestras palabras sean de aliento y que nuestra declaración sea del Señoría de Cristo. Necesitamos declararlo porque estamos sobre la Roca. Que nuestro corazón diga: “Buscaré Su rostro”, “Yo voy a creer y verá la bondad de Dios en la tierra de los vivientes”; “Aguarda en el Señor” “Aliéntate”; “Espera en el Señor, que aún he de alabarle” y que nuestro corazón cobre ánimo.

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