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Fe que gobierna

Posted on Jul 10, 2016 by in Conferencias Online, Conferencias-2016

Domingo 10 de Julio de 2016. Esta será una fecha que quedará marcada en los corazones de los que asistimos a la reunión dominical de Aviva México. De los que asistimos al Auditorio Espíritu Santo, y también de todos aquellos que estuvieron presentes a través de las diferentes redes sociales y plataformas tecnológicas. A través de una impactante enseñanza, nuestro director Fernando Sosa nos enseñó a través de la Palabra de Dios, una verdad poderosa que en forma de una clave nos capacita para recibir el milagro de Dios que estamos esperando, para entrar en una dimensión de fe que gobierna.

“También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia. Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18:1 – 8).  

Más que cualquier cosa que podamos tener en ésta vida, más que cualquier logro, cuando Jesús regrese quiere hallar algo en nosotros, ¡fe! En el mismo evangelio de Lucas, se narra una historia en la que Jesús se encuentra con un centurión romano que tenía una gran fe. Este hombre envió mensajeros al Señor para pedirle que orara por uno de sus siervos que estaba enfermo y también le pidió que tan solo dijera la Palabra, que ni siquiera fuera hasta su casa. “Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.” (Lucas 7:9).

¡Lo que Jesús quiere hallar en nosotros es mucha fe! En nuestro mundo hay gente que aún sin creer en Dios tiene mucha fe; fe para realizar grandes cosas, a veces más grandes que aquellas cosas que los cristianos deberíamos realizar, pero ellos usan una fe natural. Si nosotros usamos la fe de Dios vamos a ver cosas maravillosas. ¡Necesitamos pedirle a nuestro Señor que tan solo envíe Su Palabra!

En otra historia, en el evangelio de Lucas, Jesús les pide a sus discípulos navegar al otro lado de un lago y en medio de la travesía Él se duerme y se desata una tormenta. En medio del temor, los discípulos despertaron al Señor y Él calmó la tormenta con Su palabra. “Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, y se decían unos a otros: ¿Quién es éste, que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen?” (Lucas 8:25). Jesús no les preguntó a los discípulos en donde estaban sus recursos, les preguntó en donde estaba su fe. ¡Necesitamos una fe dominante!

En una historia más, Jesús se encuentra con una mujer extranjera que vino a Él postrada y aceptando que aún con las migajas del banquete destinado a los hijos, al pueblo de Dios, podría obtener lo que pedía del Señor. “Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.” (Mateo 15:28)

Pareciera que a veces la gente que no conoce a Dios, tiene más fe que los hijos de Dios, que pueden lograr cosas más grandes que los Hijos de Dios. Pareciera que tenemos un problema, que no tenemos fe, que no le creemos a Aquel al que le tenemos que creer. Lo que Jesús busca en nosotros sobre todas las cosas, es fe; cuando tenemos fe, entonces puede suceder con nosotros aquello que deseamos. “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.” (Hebreos 11:6)

¡Necesitamos clamar al Señor para que aumente nuestra fe! ¡Necesitamos una fe grande! ¡Necesitamos la fe de Dios! ¡Dios quiere hallar fe en nosotros!

Algo que asombra y entristece profundamente a Dios es la incredulidad. “Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando.” (Marcos 6:5). “Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado.” (Marcos 16:14)

Como creyentes, como Hijos de Dios, necesitamos quitar de nuestras vidas toda incredulidad, necesitamos ser empoderados con el don de la fe, necesitamos una fe como la de Jesús, una fe fuerte y poderosa para esperar a pesar de las circunstancias adversas, que Dios hará un milagro. El gobierno de Jesús se establece a través de la fe, de una fe dominante, una fe que gobierna incluso sobre la ley del abastecimiento y de la demanda, como quedó demostrado en la multiplicación de los panes y de los peces, (Mateo 14:13 – 21).

Somos participantes de la naturaleza divina, Dios nos dio divinas promesas para que participemos de Su naturaleza divina, por lo que tenemos su naturaleza divina y tenemos Su fe. “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento.” (2Pedro 1:3 – 5)

La incredulidad que nos impide entrar a la bendición de Dios en nuestras vidas tiene que ser destruida.

Hay unos puntos acerca de la fe que tenemos que considerar en nuestros corazones:

  1.  Jesús creyó que Él podía redimir a los hombres haciéndose pecado;
  2. Él creyó que si derrotaba a satanás, los hombres aceptaríamos Su victoria como nuestra;
  3. Jesús creyó que si se levantaba de entre los muertos, los hombres creeríamos en Él;
  4. Él creyó en los méritos de su obra consumada, que los hombres podríamos estar en Su Presencia sin condenación; y,
  5. Jesús creyó que podría tomar a los hombres desechos y quebrantados y recrearlos a la imagen de Dios.

¡Jesús creyó en Sí mismo! ¡Necesitamos creer lo que Jesús creyó!

 

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