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Fidelidad activa

Posted on Nov 14, 2016 by in Conferencias Online, Conferencias-2016

Domingo 13 de noviembre de 2016. Mientras el mundo se siente sorprendido y perturbado por las noticias que corren en los medios de comunicación, los medios tradicionales y las redes sociales; en un espacio de reflexión personal no podemos escapar a la realidad de que en nuestras vidas no solo enfrentamos los problemas que se presentan en el panorama internacional. También enfrentamos un cúmulo de situaciones que algunas veces nos dejan una dolorosa sensación de frustación, ansiedad y fracaso ¿cómo podemos hacer frente a todas esas adversidades?

En una emotiva y conmovedora conferencia, Fernando Sosa Ficachi, Director de Aviva México, nos mostró a través de la Escritura, que uno de los principales problemas que enfrentamos como creyentes, tiene que ver con el hecho de que no vivimos conforme al Espíritu, sino que somos guiados por nuestros propios deseos e impulsos, lo cual nos lleva a tomar decisiones que nos conducen a situaciones dificiles; a complicaciones que marcan de manera negativa nuestras vidas. Pablo lo advirtió a los primeros cristianos:

“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.”
(Gálatas 5:16 – 26)

Hay cosas en nuestra carne, prinicipalmente impulsos y deseos que son contrarios a lo que Dios establece en Su Palabra y que se oponen a nuestro caminar en el Espíritu, a pensar en el Espíritu y cumplir Su voluntas en nuestras vidas. Ante eso, nos podemos preguntar ¿Quiero vivir en el espíritu? ¿Cómo lo puedo hacer en mi vida de oración? ¿Cómo podemos como Congregación y como individuos, caminar en el Espíritu?

El Espíritu Santo tiene sus frutos, cuando caminamos en el Espíritu esos frutos pueden crecer en nuestras vidas, hacerse manifiestos a aquellos que están a nuestro alrededor. El primer fruto que menciona la Escritura es el amor, sí el amor. Pero una clase de amor muy diferente, se podría decir que superior al amor que conoce y al que está acostumbrado éste mundo.

La Biblia dice que “Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová.” (Salmos 34:19). Tal vez algunos de nosotros hemos deseado una vida feliz, pero lo que hemos obtenido hasta ahora al caminar en nuestros propios esfuerzos es un fracaso. Hay una enorme diferencia cuando caminamos en el Espíritu, hay una enorme diferencia cuando crece en nuestras vidas el fruto del amor.

“Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, en cuyo corazón están tus caminos. Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente, cuando la lluvia llena los estanques.” (Salmos 84:5 – 6 )

¿Qué clase y de qué tamaño es el amor que Dios quiere sembrar en nuestras vidas? Aunque hayamos enfrentado el fracaso, aunque hayamos tomado decisiones sin consultar a Dios, todavía hay esperanza, todavía se pueden llenar los estanques vacíos, todavía se puede cambiar el fracaso en éxito a través de un milagro.

Dios es grande en perdonar y ampliamente misericordioso. Cuando nos relacionamos y nos enamoramos de Dios, cuando caminamos en el Espíritu, nos impregnamos de Su amor. Hay una palabra que describe ese tipo de amor y lo relaciona con una fidelidad, una fidelidad activa que hace que el amor nunca se agote.

Es posible encontrar ese amor que nunca nos abandona, que no se agota, esa fidelidad que permanece para siempre, cuando queremos, cuando deseamos que crezca el fruto del amor del Espíritu Santo, en nosotros, podremos conocer ese tipo de amor y el Espíritu lo impregna en nuestras vidas. Ese tipo de amor tiene diez atributos:

Es Optimista. Nunca se deja vencer por lo que hay en el entorno.
Edifica a las personas. Lejos de destruir a los demás, construye en sus vidas; necesitamos ser desarrolladores de amor.
Es incondicional. Necesitamos ser gente que haga vivir de nuevo a los demás.
Alaba a los demás. Siempre Dios va a poner gente a nuestro alrededor que nos diga que valemos mucho.
Perdona. El amor de Dios es un amor activo, no pasivo; es un amor perdonador.
Sana. El amor de Dios es un amor sanador. La fidelidad activa de Dios actúa en las gentes que viven en conflicto.
Es Paciente
Hace las Preguntas acertadas. Sin amor no es posible descubrir los dones en otras personas
Es profundamente Sencillo. El amor no es complicado. “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.” (2 Corintios 12:9)
Nunca se da por vencido. “…que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados;

9 perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos.” (2 Corintios 4:8 – 9)

La Palabra de Dios está llena de pasajes que muestran cómo es el amor que Dios tiene para con nosotros. Su fidelidad no es pasiva, es activa:

“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” (1 Corintios 13:4 – 7)

“Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.”
(Efesios 3:14 – 19)

“Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”
(Romanos 8:38 – 39)

Necesitamos dejar la teoría del esfuerzo personal y arrójarnos en los brazos de Jesús, caminar en el Espíritu e impregnarnos de Su amor que nunca nos abandona y nunca se agota… Necesitamos impregnarnos de Su fidelidad activa.

“Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero”
(1 Juan 4:19)

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