La gente de hoy vive sin una identidad definida, son ajenos a las promesas de nuestro Padre celestial, no tienen esperanza: caminan sin Dios en el mundo; pero los que tenemos a Cristo sabemos que fue Jesús quien nos acercó al Padre, es a través de Él que tenemos una ciudadanía celestial y tenemos acceso al infinito amor de Dios. Pero eso no es todo, porque el Espíritu Santo nos habla las cosas buenas del Padre, nos enseña a amarle y nos da consuelo como una madre: el Espíritu Santo es la persona maternal de Dios.
Entonces por qué la gente en el mundo sufre. Los que caminan sin Dios sufren porque han decidido seguir las conductas del príncipe de este mundo, aquel que sólo viene a robar, matar y destruir. Y para escapar de la tiranía de este príncipe necesitamos fe. Y la fe consiste en creer que las cosas no son lo que parecen, es decir, que ante las circunstancias difíciles sabemos que nuestro Padre que es todo poderoso, que todo lo sabe, que es eterno acudirá a nuestro auxilio.
Como hijos necesitamos buscar al Padre con fe y beber de la maternidad del Espíritu Santo su misericordia y consuelo que es la esperanza. Si tú sientes tu corazón inquieto es el tiempo de que busques descanso en Dios, y el Espíritu llenará de deleite tu vida.


