La herida del rechazo

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Como la mujer de flujo de sangre que tan solo toco sus vestiduras ella pudo recibir sanidad, en ese momento ella pudo experimentar amor que pudo llenar ese vacío que había en su ser a causa del rechazo que pudo haber experimentado a consecuencia de su mal (Marcos 5:31). Si tan solo tocáramos sus vestiduras seremos libres de todo azote.
El rechazo impide tener  una actitud de afecto tanto para darlo como para recibir y que trae problemas emocionales llevando a un mundo imaginativo que lleva a una depresión y a la soledad.
Ante tal situación lo mejor es hacer a un lado la multitud de problemas, esas cosas internas hasta poder llegar a ÉL Y TOCARLE como la mujer que tocó a Jesús.
Acércate a Él y te dirá “hijo, hija tu fé te ha sanado” porque tú no estás condenado a vivir así, ¡TOQUEMOS A JESUS!
El amor y la aceptación son necesarias para quitar toda herida del alma y a su vez erradica todo inmadurez emocional reflejada en un egocentrismo que hay en el corazón y solo Jesús por medio de su preciosa sangre pude limpiar y llenar ese  vacío para ser libre del azote.
Rompe con todo ciclo de depresión, egocentrismo, inmadurez, rechazo, orgullo y soberbia que Satanás ha engendrado a través de las heridas que quizá vengan desde la niñez y deja que la fuente de agua viva que brota del señor Jesús opere en ti que lave y te cambie por completo.