Caminar en estos tiempos con una responsabilidad tan grande como la de ser padres y guiar una familia, requiere de una sabiduría que sólo se encuentra en lo alto, en los lugares Celestiales. Éste domingo 25 de mayo, el Doctor Boss nos recetó un tratamiento profiláctico que igual se aplica para padres de familia, matrimonios que recién inician y jóvenes y adolescentes en general y que nos puede ayudar a encontrar lo necesario para salir adelante sin contaminación y sin ningún otro daño causado por la sobreprotección que puede traer el temor a éstos tiempos.
Tomando como base la historia de Jacob y Esaú (Génesis 25 – 27), el Doctor Boss destacó las características del error de la sobreprotección el cual en primera instancia demanda una obediencia absoluta que priva a los hijos de la oportunidad de aprender a tomar decisiones y responsabilidades propias. Además, la sobreprotección retarda el proceso de preparación necesario para que una persona cumpla con el propósito que Dios tiene para su vida.
El problema de la personalidad de Jacob que se narra en las Escrituras comenzó en su casa cuando a su madre, Rebeca, se le ocurrió que éste hijo debería ser mejor que el otro a causa de su preferencia. Jacob se convirtió entonces en un hijo consentido lo cual tuvo como resultado lágrimas y amargura para su madre; como dice el libro de Proverbios. “El hijo sabio alegra a su padre; el hijo necio menosprecia a su madre.” (Proverbios 15:20 NVI); y “el hijo sabio es la alegría de su padre; el hijo necio es el pesar de su madre.” (Proverbios 10:1 NVI).
Es necesario tener sabiduría para enseñar a los hijos a tomar decisiones, a tomar responsabilidades de manera que sepan enfrentarse a las dificultades, como David, el menor de todos sus hermanos quien sin embargo, supo enfrentarse a osos y leones en el cumplimiento de su deber, aún cuando éste consistía en aquellos días en pastorear las ovejas de su padre. La sobreprotección también tiene como resultado el egocentrismo, un hijo sobreprotegido aprenderá a pensar únicamente en sí mismo.
Una historia contrastante a la sobreprotección la encontramos en la parábola del hijo pródigo (Lucas 15:11 – 20). Ahí, es notable que el Padre de familia, aún sabiendo que su hijo desperdiciaría su herencia gastándola en borracheras y prostitutas accedió a entregársela cuando ésta la pidió, dándole de ésta forma la libertad de acción y de decisión sabiendo que en el pasado él había educado a sus hijos en valores y en la fe.
La historia de Jacob entrega muchas señales del error de la sobreprotección hacia los hijos, y el momento culminante y transformador solo se dio cuando Jacob, perseguido por la enemistad para con su hermano –producto de la sobreprotección de su madre, se encontró con Dios y luchó con Él toda la noche. El entorno puede ser amenazante, pero la sobreprotección puede traer muchas consecuencias; necesitamos aprender a clamar voz en cuello delante de Dios por sabiduría para aprender a guiar a nuestros hijos, para aprender a ser hijos, para aprender a caminar sin contaminarnos.


