| |
La situación política, económica, social, incluso la carencia de recursos naturales ante la que nos enfrentamos, nos muestran a un mundo convulsionado en el que como valientes requerimos dar lo mejor de nuestro ser para arrebatarlo. La necesidad de echar fuera el temor o la incertidumbre son factores fundamentales para vivir los cambios mundiales actuales. Es por eso que Abraham Hernández nos compartió el cómo Dios requiere personas con un espíritu de valentía y dominio propio para guardarlos en perfecta paz porque confían en Él.
|
 |
Cuándo Dios creó al hombre del polvo de la tierra sopló aliento de vida sobre su nariz, ¿Pero cuántas veces nos hemos preguntado qué es el Espíritu? Es esa esencia divina, un vigor natural, vivacidad, de parte de Dios que viene a nosotros para darnos vida.
Sin embargo, nuestro espíritu puede ser paralizado por cuestiones tales como: el temor, la ignorancia y la incertidumbre sobre el futuro. Por lo que tiempos actuales requieren personas de decisión, la madurez y el carácter de un individuo es percibido por su capacidad de tomar decisiones correctas. El mundo necesita personas que conozcan a Dios y estén conscientes del propósito bajo el cual Él nos ha creado ¡Porque nos mandó a conquistarlo a través de su Espíritu!
Para el cristiano verdadero los momentos de debilidad no existen, sino que nuestra sensibilidad a Su presencia y la búsqueda constante de la misma nos llevan por el camino correcto. Daniel, Sadrac, Mesac y Abed-nego fueron valientes hacedores de Su voluntad. Job, por su parte, sin importar la situación presente y los comentarios de sus propios amigos confió plenamente en la voluntad de Dios. ¡Porque su Espíritu vino a darnos vida y vida en abundancia!
Pero es necesario aferrarnos a Él, hacer al Espíritu Santo nuestro para que more en nosotros. Aunque estemos en situaciones difíciles ante las que pensemos: ¿Cómo saldré de aquí? Debemos esperar en Él, tener la plena convicción que cuando nuestros sueños terminan comienzan los de Él, ya que ninguna situación por más dura que parezca será más grande que Su inmensa gracia. |
|