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Necesitamos desear a Dios mismo; no sus bendiciones ni sus milagros sino a la fuente misma de la bendición. Durante mucho tiempo la iglesia no ha tomado el lugar que le corresponde, nos hemos quedado en el nivel de siervos. Servir a la mesa es bueno, predicar el evangelio también, pero sentarte a la mesa con El Rey es mejor. Dios anhela poder alumbrar nuestro camino, guiarnos hacia el destino que nos tiene preparado, pero necesitamos buscarle, darle prioridad a aquel que esta mas dispuesto a escucharnos que nosotros a buscarle. Debemos de preparar un lugar solitario para estar con El, para esperar a escuchar su voz, entender que en ese lugar no existen nuestros caprichos ni deseos, solo la voluntad de El. Hemos escuchado a muchos decir "Heme aquí, enviame a mí" pero son muy pocos los que dicen "Antes que nada mi Dios, deseo ministrarte a Ti... |
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