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¿Cuántos de nosotros tenemos sueños y anhelos que queremos ver cumplidos? Muchas veces hay sueños que hemos tenido y han muerto, están enterrados o hemos olvidado. ¿Cómo podemos recordar aquello que estaba en el olvido? Para responder estas preguntas, Toño Fonseca nos recuerda que solamente con el Espíritu de Dios podrás resucitar aquellos sueños.
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2 de Reyes 4:8-37 nos cuenta la historia de Eliseo y la sunamita, la cuál era una mujer llena de sueños y anhelos. Ella fue una mujer de la cuál la gente habló, no por su dinero, fama, logros, etc. sino porque honró a Dios honrando a una autoridad que Él había puesto sobre la tierra, por honrar a un hombre de fe sin importar las circunstancias que la rodearon.
Después de haber cumplido el sueño de ser madre, la sunamita perdió a su hijo. A pesar de todas las adversidades que a ella se le presentaron, ella no se enterró en lamentos. Por el contrario, ella mostró carácter y demostró que era una mujer de fe. Entonces, ¿qué cualidades ayudaron a la sunamita a sobrellevar todas las circunstancias desfavorables? Ella fue perseverante, agradecida, solícita y diligente.
A veces nosotros podemos sentir que somos uno más en el mundo cuando las cosas no suceden como esperamos, pero ¡NO! ¡Tú eres único y especial para Dios! Así como la sunamita, nosotros también tenemos sueños olvidados, los cuales serán desenterrados únicamente por el Espíritu de Dios. Tú verás cumplidos tus deseos y anhelos en un año, igual como los vio realizados la sunamita.
“El alma del perezoso desea, y nada alcanza; mas el alma de los diligentes será prosperada.” Proverbios 13:4.
La diligencia es lo contrario a la pasividad. Dios desea que seamos diligentes, que seamos personas activas. No seas como el perezoso, se diligente como la sunamita y persigue tus sueños.
No te quejes de las circunstancias que te rodean. Todo lo que tienes puedes perderlo de un día para otro. Las cosas materiales se esfuman, pero nunca pierdas el amor que Dios tiene destinado para ti. Recurre al Señor, ten una morada a dónde recurrir cuando las cosas no salen como esperabas. Recuerda que la perseverancia te enseña a soportar un fracaso en lugar de ser un fracasado.
El Espíritu de Dios te desea, tú eres su anhelo. Dios usa la soledad para llevarte totalmente a Él. Aunque tu vida tenga dificultades, lágrimas y obstáculos, ¡se perseverante! Como en Isaías 43:2, pasa toda adversidad junto al Espíritu de Dios, aprende a depender totalmente de Él. ¡Persevera en buscarle! ya que las adversidades son bendiciones de Dios disfrazadas.
Entra en la presencia del Espíritu Santo, déjale tus necesidades y sal renovado, con el triunfo en tus manos, diligente, perseverante, sin preocupación, cargas o aflicciones. ¿Qué actitud tomarás de ahora en adelante frente a la adversidad.
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