Navigation Menu+

Manda el fuego

Posted on Sep 18, 2016 by in Conferencias Online, Conferencias-2016

Un espíritu de celo, un espíritu fervoroso, un corazón encendido es un espíritu ardiente al rojo vivo con el Espíritu Santo, que habla con denuedo, con vehemencia; eso es el Espíritu de Dios ardiendo en nosotros, en nuestro interior que se vuelve radiante. El celo de Dios significa hervir, cuando Dios dice que Él es un Dios celoso, quiere decir que Él es fuego consumidor.

Esta fue la enseñanza que éste domingo 18 de septiembre de 2016 recibimos en Aviva México a través de nuestro pastor Fernando Sosa Ficachi. Aprendimos a clamar por el fuego, por la dádiva de Dios otorgada por Su Sangre y pedirle a Dios: ¡Manda el fuego!… Para fuerza, para siempre hacer lo justo, para gracia, para vencer en la lid, para poder caminar por el mundo sin mancharnos, para ser fuertes y valientes en nuestros débiles corazones, para poder vivir en medio de un mundo agonizante al cual queremos salvar… ¡Manda el fuego!

La dinámica ardiente y de inspiración inició con la Palabra de Dios, con pasajes en los cuales se hace patente la enseñanza para todos aquellos que necesitamos el fervor del fuego de Dios.

“Cuando Salomón acabó de orar, descendió fuego de los cielos, y consumió el holocausto y las víctimas; y la gloria de Jehová llenó la casa. Y no podían entrar los sacerdotes en la casa de Jehová, porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová. Cuando vieron todos los hijos de Israel descender el fuego y la gloria de Jehová sobre la casa, se postraron sobre sus rostros en el pavimento y adoraron, y alabaron a Jehová, diciendo: Porque él es bueno, y su misericordia es para siempre.” (2 Crónicas 7: 1 – 3).

Cada vez que nosotros oramos algo tiene que suceder en nuestras vidas. Orar significa salir con el fuego de Dios. Orar es ir delante de la presencia de Dios y encendernos con su fuego.

“También Salomón consagró la parte central del atrio que estaba delante de la casa de Jehová, por cuanto había ofrecido allí los holocaustos, y la grosura de las ofrendas de paz; porque en el altar de bronce que Salomón había hecho no podían caber los holocaustos, las ofrendas y las grosuras… Terminó, pues, Salomón la casa de Jehová, y la casa del rey; y todo lo que Salomón se propuso hacer en la casa de Jehová, y en su propia casa, fue prosperado.” (2 Crónicas 7:7, 11)

Somos el templo de Dios, pero en el templo de Dios tiene que haber fuego y tiene que haber gloria. Necesitamos el fuego del celo por las cosas de Dios en nuestros corazones. Necesitamos ser purificados no una, sino dos, tres… siete veces en el horno del fuego de Dios.

Dios suple el fuego a través de nuestras oraciones. México necesita ser purificado por el fuego de Dios. De nosotros depende si lo mantenemos ardiendo. El fuego simboliza la presencia divina de Dios en nosotros y nosotros constantemente necesitamos el fuego de Dios en nosotros pues somos combustible espiritual y nosotros decidimos si sofocamos o avivamos el fuego. No hay otra manera de encendernos si no es en la presencia de Dios.

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos. ¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿o quién podrá estar en pie cuando él se manifieste? Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores. Y se sentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata, y traerán a Jehová ofrenda en justicia.” (Malaquías 3:1 – 3).

Dios no va a prosperar a un espíritu apagado, Dios no va a prosperar a un espíritu mediocre. Él va dar abundancia a aquel que está encendido y que tiene un celo por las cosas de Dios. Entre más nos acercamos a Él más fuego tenemos de Él. Nuestra responsabilidad es avivar el fuego. Necesitamos correr por el fuego de Dios. En el griego, avivar es equivalente a la acción de un fuelle que hace inflamarse una llama que está a punto de apagarse hasta conseguir consistencia, un fuego permanente.

“Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.” (2 Timoteo 1:6)

Necesitamos un re avivamiento, nuestra congregación necesita un reavivamiento, México necesita un reavivamiento. El Espíritu Santo no desperdicia Su llama divina. Los dones que tenemos se tienen que convertir en llama. Nuestros dones necesitan el fuego del Espíritu de Dios. Necesitamos mantener la temperatura alta del fuego De Dios en nuestras vidas

“Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.” (Apocalipsis 3:15 – 16)

“En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor.” (Romanos 12:11)

Hay una pereza que es espiritual, necesitamos orar porque Dios nos libre de esa pereza, o de pereza en nuestras almas. Necesitamos ser fervientes de espíritu, estar incendiados espiritualmente. Fervientes en el espíritu, se caracteriza por el intenso amor a nuestro Señor. Algunos de los que nos rodean lo podrán ver y algunos van a creer, pero otros no. Sin embargo, las llamas que están en nosotros van a salpicar a los que están a nuestro alrededor.

“Llegó entonces a Efeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan.” (Hechos 18:25)

Como Apolos, necesitamos vivir en una efervescencia por las cosas de Dios, en una vigilancia constante de nuestros corazones para evitar que el fuego se apague y siempre dispuestos a venir delante de Dios para suplicar porque se avive en nosotros su fuego… “Oh, míranos en Tu altar depositar nuestras vidas, todo nuestro ser, en éste mismo día, para coronar ésta ofrenda, ahora te imploramos… ¡Manda el fuego!”

190618-manda-el-fuego