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Mi delicia

Posted on Oct 24, 2016 by in Conferencias Online, Conferencias-2016

Existe una indicación de parte de Dios para nuestras vidas que si seguimos cual receta de cocina y sazonamos los ingredientes correctos: mansedumbre, bondad, humildad, benignidad y paz, puede resultar en una bendición continua que a su vez puede convertir el día que dedicamos para buscarle y escuchar de Su Palabra, en la delicia de nuestras vidas.

Este domingo 23 de octubre nuestros Coaches Toño Fonseca y Elisa Sosa nos trajeron una enseñanza que solo puede provenir de lo más secreto, de lo más íntimo del corazón de nuestro Dios, quien busca de nosotros la mejor actitud en la manera en la que lo buscamos ya que Él anhela bendecir nuestras vidas cada vez que nos reunimos.

El primero de los aspectos que destacaron los Coaches durante la enseñanza fue el claro mandamiento de parte de Dios para dedicar un día en el cual disfrutemos de Él y de lo que Él nos ha dado. Poniendo como ejemplo que nuestro Señor mismo dedicó un día para disfrutar de la obra que Él creó.

“Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación.” (Génesis 2:2 – 3)

Por otra parte, apenas el Señor había liberado al pueblo de Israel de la esclavitud a la que fue sometido en Egipto, les indicó a través de un mandato que deberían dedicar un día para descansar y dedicarlo enteramente a Él, a meditar en Sus obras y en la manera en la que había actuado para redimirlos. Incluso, la forma en la que Dios les alimentaba en el desierto debería ser interrumpida durante el día dedicado e Él.

“Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.” (Éxodo 20:8 – 11)

“Y lo recogían [el maná] cada mañana, cada uno según lo que había de comer; y luego que el sol calentaba, se derretía. En el sexto día recogieron doble porción de comida, dos gomeres para cada uno; y todos los príncipes de la congregación vinieron y se lo hicieron saber a Moisés. Y él les dijo: Esto es lo que ha dicho Jehová: Mañana es el santo día de reposo, el reposo consagrado a Jehová; lo que habéis de cocer, cocedlo hoy, y lo que habéis de cocinar, cocinadlo; y todo lo que os sobrare, guardadlo para mañana. (Éxodo 16:21 – 23)

El día de reposo es importante fuera de la ley y dentro de la ley. El pueblo de Israel en el antiguo pacto recibió el mandamiento de guardar un día de reposo; ahora que vivimos bajo la gracia, adoramos y guardamos el reposo por amor. Ahora es más grande pero también más entrañable el compromiso, guardamos reposo para meditar en la redención tan grande que tenemos en Cristo.

“Habló además Jehová a Moisés, diciendo: Tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: En verdad vosotros guardaréis mis días de reposo; porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico.” (Éxodo 31:12 – 13)

El día de reposo también es un refrigerio espiritual. Durante sus días en ésta tierra Jesús enseño a sus discípulos que no solo es importante que dedicaran tiempo a buscar de Su Presencia, sino que incluso cuando Él partiera, estaría presente cada vez que se reunieran, que nos reuniéramos en Su nombre. “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” (Mateo 18:20)

Dedicar un día para buscar la Presencia de Dios, para adorarle y para focalizar nuestra vida en Él fue un tema que también los primeros cristianos entendieron muy bien; como lo escribió el autor del libro de Hebreos: “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.” (Hebreos 10:25). Dedicar un día para nuestro Dios es importante porque nos permite demostrarle cuán importante es para nuestras vidas.

Pero también hay una bendición adicional cuando dedicamos un día al Señor y esa bendición es que compartimos esos momentos con nuestros hermanos, con aquellos que buscan hacer la voluntad del Padre que está en los cielos. (Mateo 12:47 – 50). La bendición es mayor todavía cuando compartimos, cuando cohabitamos en armonía.

“¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es, habitar los hermanos juntos en armonía! Es como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras; como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion; porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna.” (Salmo 133:1 – 3)

“Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado.” (Isaías 58:13)

En la armonía, la unción del Espíritu de Dios se derrama, nos empapa hasta las vestiduras y nos provee de los sustancial para nuestras vidas. En el antiguo testamento, Dios le mostró a Moisés cómo se debía preparar el aceite de la unción, aquel que corre cuando existe armonía.

“Tomarás especias finas: de mirra (mansedumbre) excelente quinientos siclos, y de canela aromática (bondad) la mitad, esto es, doscientos cincuenta, de cálamo (humildad) aromático doscientos cincuenta, de casia (benignidad) quinientos, según el siclo del santuario, y de aceite de olivas (paz) un hin. Y harás de ello el aceite de la santa unción; superior ungüento, según el arte del perfumador, será el aceite de la unción santa.” (Éxodo 30:23 – 25)

Dedicar un día para concentrarnos en el Señor, reunirnos con nuestros hermanos con aquellos que comparten el deseo de hacer la voluntad del Padre y hacerlo en armonía es una dirección de parte de Dios que al seguirla resulta en una fuente de bendición, una promesa que desde los días del antiguo testamento tiene implícita una promesa… puede convertirse en nuestra delicia… ¡en mi delicia!

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