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Perdón (Salach – Charizomai)

Posted on Jun 20, 2016 by in Conferencias Online, Conferencias-2016

Este domingo 19 de junio, en el día en que en varios países del mundo se celebra el día del Padre; en Aviva México tuvimos la oportunidad de honrar, de adorar a nuestro Padre celestial quien ha extendido hacia nosotros Su misericordia. Y también tuvimos una enseñanza profunda, tan profunda que fuimos guiados en la Escritura hasta la misma raíz, hasta las misma palabras que se usaron en los primeros idiomas en los que se difundió en nuestro mundo la Palabra Eterna.

Javier Fonseca, pastor en Aviva México, nos enseñó la importancia de dos singulares palabras cuya importancia a través de toda la Biblia dan sentido a una buena parte de su mensaje y han dado también sentido a muchas vidas a través de los años: Pecado y Perdón. La primera palabra, el pecado, señaló Javier, Cristo ya lo venció en la cruz del calvario. El perdón, nos toca a nosotros enfrentar esa sencilla palabra y vencer.

El pecado, la palabra pecado en su raíz griega (Hamartia), significa no dar en el blanco, fallar, ofender, tomar el curso equivocado, de ahí se deriva también la palabra Hamartolos, que se usa para describir a los pecadores. Por su parte, en hebreo, la palabra es Avon, que significa maldad, iniquidad.

La otra palabra, Perdón se encuentra también en dos formas: Salach, en hebreo, que describe el perdón que solo Dios puede otorgar. “Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias. (Salmo 103:1 – 3).

Y Perdón también tiene otra raíz, Charizomai en griego, que significa hacer un favor, mostrar bondad incondicionalmente, perdonar incondicionalmente. “Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados. (Santiago 5:20).

Así que el perdón tiene dos sentidos, la manera en la que Dios nos perdona incondicionalmente, y la manera en la que nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden. “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.” (Mateo 6:12). Una forma de pecar es retener el perdón; la falta de perdón nos puede desviar del camino.

David, en el Antiguo Testamento, entendía la gravedad de ser excluido de la Presencia de Dios por causa del pecado: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu.” (Salmo 51:10 – 11). Cuando una persona busca a Dios, también se nota en su forma de dar.

Romanos 1:20 – 31, nos muestra cómo el pecado puede transformar a una persona:

“Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia.” (Romanos 1: 20 – 31).

Hoy es el día en que tenemos que perdonar, la raíz de amargura entenebrece el pensamiento, debemos elegir habitar bajo la sombra del Altísimo o bajo la sombra del maligno. “El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente.” (Salmo 91:1). Necesitamos perdonar para evitar desviarnos del camino.

“De lo profundo, oh Jehová, a ti clamo. Señor, oye mi voz; estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica.” (Salmo 130:1 – 2). Renovar nuestras mentes es un proceso, necesitamos aprender a perdonar como parte de ese proceso. Entre más nos tardamos en perdonar, más difícil será hacerlo.

“Pero en ti hay perdón, Para que seas reverenciado. Esperé yo a Jehová, esperó mi alma;
En su palabra he esperado. Mi alma espera a Jehová, más que los centinelas a la mañana, más que los vigilantes a la mañana. Espere Israel a Jehová, porque en Jehová hay misericordia, y abundante redención con él; y Él redimirá a Israel de todos sus pecados.” (Salmo 130:4 – 8).

Dios quiere dirigir nuestro rumbo, quiere quitar el pecado de nuestras vidas para que no cambiemos el rumbo y quiere que aprendamos que hay perdón en Él, aquel al que más se le perdona, más ama. Si no perdonamos, permitimos el error en nuestras vidas, pero bajo la Gloria de Dios, hay libertad.

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