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Posted on Nov 24, 2014 by in Conferencias-2014

Estamos en un mundo que está desesperado por respuestas y simplemente no logra hallarlas. Nuestro tiempo actual es una época similar a la cautividad que sufrió Israel en el tiempo del Profeta Daniel. Un nación desesperada buscando dirección y solución. Un pueblo lleno de iniquidad y pecado que se opone a Dios y que quiere alejarse de Jesús en todos sus caminos. Pero nosotros sabemos que hay una sola solución, una respuesta, un camino que es la verdad y la vida. Jesús. Sólo Jesús.

Sabiendo que la oración del justo es eficaz, y en especial en tiempos de crisis como estos que vivimos, hoy nos levantamos conforme a la oración de Daniel

Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo, Dios mío; porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo.

Daniel 9:19

El clamor de Daniel estaba dirigido a que Dios perdonara la iniquidad del pueblo y que restaurara un avivamiento en Israel. Finalmente Daniel fue escuchado y él logro ver el fin de la cautividad de su nación, y así nosotros veremos el fin de la crisis en nuestra nación.

si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.

2 Crónicas 7:14

Veremos la gloria de Dios en México. Veremos el avivamiento en nuestro país.

En su oración, a la vez que Daniel reconocía hasta siete veces el pecado y la iniquidad de la nación, también reconocía la justicia y misericordia del Dios todopoderoso

Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos, y mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias.

Daniel 9:18

Esta mañana nuestro director Fernando Sosa, nos retó a seguir orando conforme a esto pues es un hecho que nuestra oración será contestada. Hoy, en palabras del Boss, debemos tomar nuestro derecho de dominio para restituir, reivindicar, restaurar y retribuir cualquiera que sea nuestra situación.

No hay nada imposible para Dios.

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