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Se comprometió conmigo

Posted on May 11, 2014 by in Conferencias Online

Este domingo tuvimos una reunión muy especial en la que el Espíritu Santo circundó nuestros corazones para que estemos plenamente convencidos de que Dios cumplirá sus promesas, que lo que hemos vivimos hasta el día de hoy no se compara con lo porvenir, porque las bendiciones que Él derramará sobre nuestras vidas serán en sobremanera grandes, sus promesas son firmes para nosotros y nuestra descendencia.

Nuestro coach Antonio Fonseca nos compartió cómo en el capítulo 12 del libro de Génesis el Señor le dijo a Abraham que dejase su tierra, su parentela y partiese a la tierra que le mostraría, prometiéndole que haría de él una nación grande, que lo bendeciría, engrandecería su nombre, que sería bendición, que bendeciría a quienes lo bendijeren, maldeciría a quienes lo maldijeran y que él serían benditas todas las familias de la tierra.

Aunque Abraham era de edad avanzada y su esposa no podía darle hijos, él se fortaleció en la fe porque estaba plenamente convencido de su poder y palabra. Alzó los ojos al cielo y al mirar hacia el norte, sur, oriente y occidente, vio la tierra que heredaría junto con su descendencia, creyó la promesa de que sus generaciones se multiplicarían como el polvo y confió en las en las promesas, hechos y pactos del Señor.

• Los hechos de Dios, son cosas que sucedieron en el Antiguo Testamento a quienes nos antecedieron, es aquello que tomamos y que por fe creemos.
• Las promesas, es lo que el Señor prometió que habría de suceder.
• Pero los pactos, son las acciones inmutables que Dios ha realizado para que le creamos, están basados en sus promesas, significan que Él se comprometió a sí mismo y selló con sangre algo que no puede romperse.

Cuando Dios prometió un hijo a Abraham y éste preguntó que cómo podría estar seguro que esto sucedería; el Señor le pidió un sacrificio en el que le solicitó cortar por la mitad cada parte de la ofrenda entregada y poner una parte frente a la otra. Cuando Abraham hizo como se le había solicitado, una antorcha de fuego cruzó el sacrificio ofrecido en señal de un pacto que se marcaba con sangre. Así también Jesucristo, como mediador de un nuevo pacto, fue crucificado y su sangre derramada reclamó una herencia que considerábamos perdida, para que, por medio suyo heredemos vida eterna, veamos cumplidas las promesas del Señor y los anhelos más profundos de nuestros corazones.

Abraham, como todo ser humano, enfrentó momentos de duda, pero los hizo a un lado, cambió sus pensamientos y su lenguaje para ver cumplido todo aquello que le había sido prometido.

Nosotros tenemos el derecho de actuar en fe y pedirle a Dios que cumpla sus pactos; sólo necesitamos humillarnos delante de Él, desarraigar toda incredulidad de nosotros, cambiar nuestra mentalidad y andar conforme a sus principios. Hoy se acaba toda la dureza de nos impide creer, no escojamos las promesas que “necesitamos” para nuestras vidas, sino recibamos todo lo que Él quiere darnos, todo lo que ha prometido. Lo que recibió Abraham, Isaac, David, Salomón viene también para nosotros si estamos plenamente convencidos de sus promesas.

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