Navigation Menu+

Tu celo me consume

Posted on Jul 26, 2015 by in Conferencias-2015

Dios es rico en misericordia pero también celoso de sus hijos, de tal manera que no quiere que nada sustituya el primer lugar que Él debe ocupar en nuestras vidas y en nuestros corazones. Anhela celosamente que nuestra mirada y atención estén enfocadas en buscar su presencia y conocer más de su Santo Espíritu.

Él desea que en nuestro interior arda un celo tremendo por buscarlo, por adorarlo, por servirle y que no seamos indiferentes a su obra. Porque un cristiano apasionado nunca está satisfecho de su comunión diaria con el Espíritu Santo, siempre quiere más y más y más…

La tibieza es el estado espiritual más peligroso de la vida cristiana; por ello,  Antonio Fonseca nos compartió como mediante el profeta Hageo (Hageo 1:1-6) vino palabra de Dios a Zorobabel -hijo del gobernador de Judá- y a Josué -hijo del sumo sacerdote Josadac- invitándolos a que meditaran sobre sus caminos porque:

• Sembraban mucho y recogían poco
• Comían y no se saciaban
• Bebían y no quedaban satisfechos
• Se vestían y no se calentaban
• Trabajaban y recibían su remuneración en saco roto

Lo anterior, se debía a que el pueblo perdió el celo por buscar la presencia del Todopoderoso. Sus corazones se entibiaron, la indiferencia y el conformismo crecieron y los llevaron a abandonar su comunión con Dios.

La casa de Jehová estaba desierta, cada quien corría a su propia casa y como consecuencia los cielos se cerraron, la lluvia se detuvo y la tierra dejó de dar fruto.

¿Trabajas y trabajas y sientes que no tienes nada?, ¿lo que haces por “tu bien” es más importante que buscar la presencia de Dios? ¡Meditemos sobre nuestros caminos!

Hoy tenemos la oportunidad de volver al Señor, de que el Espíritu Santo arda en nuestro interior, que nuestros oídos, ojos y corazones se abran para que Jesús entre a nuestras vidas.

Dejemos de culpar a otros de las experiencias no gratas que vivimos y comencemos a valorar que Jesús murió por nosotros y por el perdón de nuestros pecados; que conocemos el camino, la verdad y la vida; y que tenemos una casa en la que podemos congregarnos, servir, sembrar.

No retrocedamos, no establezcamos prioridades incorrectas, despertemos, madruguemos a buscarle, dejemos que su celo nos consuma y todo lo demás vendrá por añadidura.