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Zomzomeos

Posted on Feb 15, 2015 by in Conferencias-2015

¿Todo parece estar en tu contra en la casa, en la escuela, en el trabajo?, ¿las circunstancias que vives parecen ser imposibles de resolverse?, ¿te sientes desganado, frustrado, desilusionado o incluso decepcionado?

Así se sintió el pueblo de Israel los 40 años que rodearon el monte Seir en busca de la tierra prometida. Caminaban y caminaban pero no llegaban al lugar tan anhelado… la desesperación y frustración que experimentaban se convirtió en depresión y esa depresión los llevó a quejarse contra Dios.

Pero, ¿por qué si el Todopoderoso les había prometido llevarlos a un lugar en el que fluía leche y miel, se tardaron tanto en poseerlo?, ¿por qué muchos de ellos murieron en el camino? Por su incredulidad, por las críticas y murmuración que levantaron en contra de Moisés y del Señor; porque permitieron que sus temores y gigantes fuesen más grandes que su fe.

Aunque creyeron que Dios podría darles esa tierra por heredad, no la atesoraron en su corazón, no tuvieron la fe necesaria para vivir creyendo que en cualquier momento su situación cambiaría. Se dejaron vencer por los zomzomeos.

Los zomzomeos (Deuteronomio 2:20) ejemplifican a los gigantes que atacan tu consciencia, a esa voz interna que te dice que no podrás conquistar aquello que Dios ya te dio, son quienes te condenan a llevar una vida inmersa en la pobreza, en la infelicidad, en la violencia, llena de intranquilidad; roban tu destino y el de tus generaciones.

Alguna vez te has preguntado: ¿si esos gigantes que enfrentas son los mismos que tus padres no pudieron o quisieron vencer, si son los mismos que quieres heredar a tus hijos?, ¿qué gigante te esclaviza, te culpa, te recuerda el pasado?

No seas como el pueblo de Israel, ¡se un Abraham, un David, un José, un Caleb! Que enfrentaron a sus gigantes y heredaron las promesas del Señor. Dios te llama a conquistar la tierra prometida, a hacer guerra contra los zomzomeos; para ello solo necesitas:

• Arrepentirte
• No ser incrédulo
• Tener una fe intrépida
• Declarar el derecho del rey que gobierna sobre esos gigantes (la autoridad que Dios te dio)
• Meterte en la palabra del Señor

No eres una víctima a la que todo le pasa, deja de martirizarte, determínate a decirle a esos gigantes: ¡no más! Entra a la guerra y al periodo más fructífero de tu vida, uno lleno de salud, abundancia y huesos reverdecidos, en el que comenzarás a cosechar al mil por uno todo lo que has sembrado.